jueves, 15 de marzo de 2007

CUENTO ANTITAURINO

Este cuento está basado en hechos reales y sirve de respuesta a las
declaraciones que ha hecho recientemente el doctor Illera, director del
departamento de fisiología animal de la facultad de veterinaria de la
Universidad Complutense de Madrid en la revista taurina 6 toros 6, publicada
el 23 de enero de 2007. Sus declaraciones han sido publicadas bajo el
título: “Por qué el toro no sufre”

Soy un toro de lidia, de esos que pasan más o menos cuatro años a cuerpo de
rey en las maravillosas dehesas que pueblan mi país, conocido en
determinados ambientes como la piel de toro. Soy tan importante para la
cultura de mi pueblo, que en muchos lugares su bandera nacional se adorna
con mi silueta dibujada entre tres líneas horizontales de colores, dos
rojas y una amarilla. Soy tan representativo para el resto del mundo que he
sido elegido como mascota del próximo Eurobasket de baloncesto que se
celebrará en España el próximo verano. Me han bautizado con el nombre de
Bravo. Eso sí, me han puesto una camiseta roja de tirantes y una botas de
baloncesto

Durante los cuatro años que vivo a cuerpo de rey, a veces, me someten a una
cosa que se llama tienta, que dicen es para medir mi bravura, aunque en
definitiva no es más que para cabrearme.

Soy un bóvido, como las vacas frisonas o las charolesas, pero mi destino es
diferente. Mientras que a unas las alimentan para producir leche y a las
otras para producir carne, a mí me crían para matarme. Bueno, a ellas
también las matarán, pero de forma diferente.

Un día, cuando más o menos he cumplido los cuatro años, me suben a un camión
y me introducen en un espacio no demasiado grande. Nunca me había subido en
algo semejante, aunque tengo algunos conocidos que sí han vivido antes esta
experiencia. Alguno lo utilizó para ir de una dehesa a otra, y otros, para
ir al mismo sitio que las frisonas y las charolesas, es decir al matadero.

Entre unas cosas y otras, yo me estreso mucho y mi sistema endocrino formado
entre otras glándulas por el hipotálamo, la hipófisis y las adrenales, se
ocupa de que mis células glandulares descarguen unas sustancias llamadas
hormonas. Mi sistema nervioso periférico, le dice cuando me estreso a mi
otro sistema nervioso, el central, que estoy angustiado, que tengo miedo,
que no sé por qué me hacen esto. Yo, acostumbrado a vivir al aire libre y a
hacer lo que me da la gana, de repente me veo encerrado en un espacio
pequeño, que encima se mueve. Antes, como es lógico, he opuesto mucha
resistencia, así que todavía estoy más enfadado, además de nervioso. Por
esta razón he descargado a mi sangre mucho cortisol. Hay un veterinario que
cuenta que igual somos claustrofóbicos, y que por eso nos estresamos mucho,
pero no es más que una suposición sin ningún fundamento científico ..

Es entonces, como he dicho antes, cuando en mi sangre, si me hacen unos
análisis, se verá que tengo mucho cortisol. Esta es una de las cosas que
dicen los estudios del Dr. Illera. Al fin y al cabo es la hormona del
estrés. Hay otras sustancias que se llaman betaendorfinas y otras que se
llaman catecolaminas, que también las produce mi cuerpo en estas ocasiones.
De las primeras, las que dicen que controlan el dolor, en este caso no tengo
muchas, de las segundas, entre las que está la adrenalina, tengo algo más.
Cuando me bajan del camión me llevan a una especie de cuadras, creo que las
llaman chiqueros, en las que me vuelven a encerrar. Si la plaza donde me
van a matar es importante igual me tienen allí uno o dos días, y quizás me
den algo de comida. Pero si es de esas pequeñas o de esas prefabricadas, lo
normal es que muera el mismo día de mi llegada

A mi me tocó en una plaza grande, de esas que se llenan de gente con sus
comidas y sus bebidas, sus peinetas, sus buenos trajes, de esas donde al
torero se le pagan muchos millones y los espectadores pagan mucho por ver
como me lidian y me matan. De esas a las que va mucha gente importante,
empresarios, futbolistas, políticos, actores, músicos, famosos, “famosotes”,
incluso a alguna, ha ido el rey de España. Bueno, también va gente más
modesta, pero esos se ponen en una zona que llaman tendido de sol o bien
ocupan las localidades más baratas.

A lo que me van a hacer lo llaman arte, pero la verdad es que nunca supe, ni
sabré por qué, y tampoco me importa demasiado.

Durante el tiempo que estuve en los chiqueros, ví, que tres de los toros que
habían salido al ruedo volvían. Uno vino bastante bien, no sangraba, ni al
parecer le dolía nada, Bueno, sí, le dolía una pata y cojeaba. Esa es la
razón por la que había sido devuelto. Me comentó que había pasado un gran
susto, que eso que había conocido ahí fuera le había estresado mucho. Tenía
mucho cortisol en la sangre, pero betaendorfinas pocas. Esto se sabe porque
le hicieron unos análisis de sangre cuando regresó. El siguiente en volver,
si que estaba hecho polvo el pobre. Un señor subido en un caballo le había
clavado varias veces una cosa que llaman puya, La verdad es que sangraba
bastante, respiraba muy deprisa, y en uno de los lados de su pecho se notaba
palpitar su corazón muy rápido, demasiado. A este también le hicieron unos
análisis, pero los resultados eran diferentes. Tenía muy altas las
betaendorfinas y también las catecolaminas, pero las cifras de cortisol no
eran las esperadas, si como él decía había sufrido tanto. Será exagerado el
tío, pensé para mis adentros

El tercero que volvió estaba más fastidiado que el anterior. De su cuerpo
manaba mucha más sangre, y de su boca también salía algún hilillo rojo. Se
movía muy despacio, mugía. Me murmuró, porque no podía casi expresarse, que
además de los puyazos, le habían puesto banderillas. Efectivamente, sobre su
lomo sobresalían unas cosas alargadas. Unos señores se las fueron retirando
y ví que sus puntas eran una especie de arpones. Al quitarlas salieron unos
enormes chorros de sangre. A éste también ví que le sacaban sangre para los
análisis. Los resultados, según dice el veterinario que los hizo, eran
parecidos al que habían devuelto antes, pero las tasas de cortisol tampoco
eran las esperadas. De betaendorfinas también andaba sobrado, y de
catecolaminas. Que raro pensé yo, será como dicen los que defienden la
“fiesta”, que somos unos exagerados, que el sufrimiento que padecemos no es
tan grande. Dicen además que como tenemos la sangre llena de betaendorfinas,
somos capaces de neutralizar el dolor, y casi sentir placer.

Estaba yo absorto en estos pensamientos, cuando de repente oí mucho
alboroto, música y gritos. Me azuzaban para conducirme por un camino
limitado a ambos lados por tablones y de pronto, sentí un dolor importante
en mi zona dorsal. Antes de salir a la plaza también me habían propinado
algún “garrotazo”. Me habían pinchado y clavado una cosa que llaman divisa.
Me sentí, nervioso, asustado, tenía miedo. Soy un toro, así que los
mecanismos de defensa psíquica como es pensar en otras cosas o tener
conciencia de lo que está pasando, que ponen en marcha otras especies como
los humanos, yo no puedo utilizarlos. De repente mi sistema nervioso
periférico le ha dicho a mi cerebro que les diga a mis glándulas que
secreten las hormonas del estrés. Mi hipotálamo va a producir mucho CRF, que
le dirá a mi hipófisis que produzca mucha ACTH, que a su vez le dirá a mis
adrenales que descarguen mucho cortisol. Lo que quiere mi organismo es
tranquilizarme, volver a la normalidad mi respiración acelerada, decirle a
mi corazón que deje de latir fuerte. Pero, no, es imposible. Acabo de salir
a un recinto abierto, con un piso de arena fina y me veo rodeado de un gran
gentío que grita, grita y aplaude. No sé donde estoy, y esto me asusta aún
más. Mis glándulas descargan más hormonas, mi sangre se inunda de cortisol.
Bueno, y también de adrenalina, y de noradrenalina, que son catecolaminas.
También estoy descargando algunas betaendorfinas. Me he pegado alguna que
otra carrerita, embistiendo a un señor que no había visto nunca que me llama
a gritos y me enseña un trapo. Dicen que es rojo porque a mi me atrae mucho
ese color. Es mentira, yo sólo veo en blanco y negro, mis ojos no tienen
células especializadas para distinguir los colores. Lo cierto es que es rojo
para que la sangre que emanará de mis hemorragias, no se note demasiado en
el trapo. Os imagináis que fuera blanco…

Después de unas cuantas embestidas a varios señores con trapos en sus manos-
derecha o izquierda, según que sean diestros o zurdos-, de repente, he
notado que me quieren llevar hacía una zona determinada. No lo distingo
bien, porque por la posición de mis ojos, mi visión lateral es muy limitada.
Pero sí, ya lo veo, es un caballo con un señor encima. Conozco a este animal
porque cuando me han hecho lo que llaman tienta, los señores que querían
tirarme al suelo con sus largas lanzas iban montados en ellos. Mis hormonas
del estrés siguen muy altas en mi sangre. Mi volumen sanguíneo está intacto
todavía.

Ahora, lo que me van a hacer es lo que denominan descongestionarme, quitarme
fuerza, hacerme más lidiable, o como se ha dicho recientemente producirme
algo de dolor para que mi cuerpo atlético, que es especial y diferente al
del resto de las especies, descargue en milisegundos unas sustancias
milagrosas que me quitarán el dolor. Las llaman betaendorfinas, las
“hormonas del placer” o de la “felicidad”. En mi sangre ya hay unas pocas
circulando, por la divisa que me pusieron y porque mi respiración ya está
muy acelerada. Para conseguir eso me hacen embestir al caballo, y yo, como
soy bravo, voy a por él. Vaya tontería que acabo de cometer. De repente he
sentido un dolor enorme. Hay ahí arriba algo que me está haciendo daño. En
realidad yo creo que es el caballo, así que para defenderme, le embisto con
todas mis fuerzas. Pero no puedo, no puedo más, esto duele mucho y empiezo a
notar cierta debilidad en mis patas y la sangre empieza a manar en la zona
de mis vértebras torácicas y dorsales. Al parecer, el picador no ha acertado
con la puya y me la ha clavado en una zona que según los entendidos no es la
adecuada. Los que saben de esto, dicen que la puya debe ser clavada en el
morillo, que es una zona donde mis músculos están muy duros, pero claro,
como yo me muevo mucho, pues no aciertan. La puya se sale, el picador la
vuelve a clavar, y más dolor, y más sufrimiento. Decido retirarme, no puedo
derribar al enemigo. Algunas estructuras anatómicas de mis vértebras, lo que
llaman apófisis espinosas y transversas han sido fracturadas. Algunos huesos
de mi columna han sido aplastados. Me imagino lo que se vería si me
hicieran una radiografía. Mi médula espinal, que es un cordón nervioso que
está protegida por estas estructuras óseas, se empieza a encontrar
presionada, y debido a la hemorragia que me han producido, hay sangre que ha
invadido el canal medular, que en algunos tramos se empieza a encontrar
presionado. Me duele mucho, así que mi sangre se está llenando de
betaendorfinas. Mis receptores del dolor, que se llaman nociceptores han
recibido esta desagradable sensación y mi sistema nervioso periférico le ha
dicho al que manda, el sistema nervioso central, que descargue
betaendorfinas para paliarlo. Sigo estresado, tengo pánico, necesito
cortisol, así que mi cerebro ya debería estar diciéndole a mis glándulas
que lo produzcan en cantidades industriales. Pero hay algún problema que
todavía no sé muy bien cual es. Mi corazón pide sangre para aportar a mis
órganos, mis células piden glucosa y mi sangre se llena de ella, para
compensar el gasto energético que tengo, mis pulmones inspiran y espiran a
una velocidad de vértigo, necesitan oxigeno con urgencia. Mis funciones
vitales se han vuelto locas con tanta alteración.

Los señores de los trapos rojos me llaman, me chillan, zarandean sus manos,
quieren que vuelva a que me hagan más daño, me niego, me doy la vuelta,
quiero desaparecer. Sigo nervioso, estoy sufriendo y me duele, pese a mis
betaendorfinas.

Me han dado un momento de respiro. Mientras, suena una música que apenas
oigo. Están en lo que llaman el cambio de tercio. Estoy muy asustado, no sé
lo que me espera. Mis amigos que fueron devueltos a los corrales me habían
contado algo, pero en base a sus análisis de sangre creía que exageraban.

Al poco rato veo un nuevo señor, que no lleva en sus manos ningún trapo
rojo, sino una especie de palos. Los tiene levantados a la altura de su
cabeza y en su punta brilla algo metálico. Hace sol, por eso veo el reflejo.
Me llama, se acerca hacia mi corriendo, voy a por él, y de repente, siento
un fuerte dolor agudo en mi columna que me hace pegar un salto. De nuevo
siento mis vértebras dañadas, mis músculos perforados, mi sangre mana. Así
ocurre tres o cuatro veces más, no recuerdo. La segunda vez he intentado
empitonar con mis cuernos al de las banderillas, pero las fuerzas no me
responden. Con el tercero no he tenido ni fuerza para correr, me he rendido,
ha pasado a mi lado y casi me he quedado quieto. Estoy agotado. Nuevas
banderillas, más dolor, más y más.

Dicen que cuanto hay un estrés se pasa por tres fases: la primera es la que
llaman de alarma, la segunda la llaman de adaptación o de resistencia y la
tercera es la de agotamiento. En las dos primeras el organismo descarga
catecolaminas y cortisol en cantidades importantes. ¿Y que pasa en mi
sangre, que hace mi cuerpo ante tanto dolor, ante tanto destrozo? ¿Qué puede
hacer mi especial organismo para contrarrestar tanto sufrimiento?. Recuerdo
que antes de salir a la plaza, y en los primeros momentos, la ACTH y el
cortisol, como consecuencia de mi miedo y mi ansiedad circulaban por mi
sangre en grandes cantidades. Si me hubieran sacado sangre en este momento,
los valores de estas hormonas, según los últimos estudios, estarían elevados
pero no muy lejanos a los que tenía cuando estaba en la dehesa viviendo
tranquilamente. Que raro, algo está pasando. ¿Será que ya no estoy
estresado? ¿Será que ya no sufro? ¿Será que me he adaptado? ¿Influirá que me
estoy agotando?

La respuesta la tienen esos buenos médicos que intentan evitar el dolor en
sus pacientes antes, durante y después de las operaciones. Han descubierto
que cuando el sistema nervioso no está intacto, como estaba el mío cuando me
subieron al camión y cuando estaba en la plaza antes de la lidia, la
transmisión nerviosa no funciona adecuadamente. Quiero decir que como me han
metido puyazos y banderillas se han “cargado” parte de esa transmisión
nerviosa que debería decirle a mi cerebro que les dijera a mis glándulas que
produzcan mas CRP, y como consecuencia más ACTH, y como consecuencia más
cortisol para aliviar mi sufrimiento. Pero no se puede, no es
científicamente posible. Mis catecolaminas, que se han ido produciendo en
grandes cantidades para aliviar mi tensión arterial, mi flujo sanguíneo, mi
función cardiaca y mí respiración se están agotando, pero aún así tengo
mecanismos celulares que las siguen produciendo. ¿Recordáis?, alarma,
adaptación, resistencia, agotamiento.

Y qué pasa con mis betaendorfinas. ¿Por qué mi organismo no puede producir
cortisol y a estas sí puede producirlas? La respuesta de nuevo la tienen
los buenos médicos. Resulta que cuando el sistema nervioso no está intacto,
el organismo tiene otro mecanismo para generarlas. Hay células capaces de
hacerlo aunque el sistema nervioso esté alterado. Uno de los lugares donde
estás células, llamadas de la inmunidad las producen es en zonas próximas a
las lesiones, en especial donde se ha producido una lesión y se está
desarrollando una inflamación.. Por eso los análisis dirían que mi sangre
está cargada de betaendorfinas, después de las puyas y las banderillas, pero
no tiene el cortisol que debería tener si es que estoy sufriendo tanto.

Lo que vendrá después son lances del estúpido juego al que me someten los
humanos. Tengo que embestir de nuevo el trapo rojo del que más euros recibe
entre los que me han hecho daño, del matador, del que terminará con mi vida.
Mi vida a costa de algo que llaman faena. Efectivamente, me están haciendo
una faena, y gorda. Lo cierto es que ya me da lo mismo, estoy muy cansado,
estoy agotado, estoy en la última fase del estrés. Quiero embestir, quiero
luchar, pero no puedo. La verdad es que durante un rato, a pesar del daño
que me han causado, me encuentro un poco mejor, ya no hay puyas, ni
banderillas, pero después de tres carreras me encuentro de nuevo muy mal. He
vomitado, echo sangre por mis ollares, mis extremidades no me sujetan, me he
caído tres o cuatro veces. Cada vez veo peor, pero, aún así saco fuerzas de
flaqueza.

Por un momento me vuelven a dejar tranquilo. He visto al torero cambiar algo
que llevaba detrás del trapo por algo que ha brillado, pero tiene más brillo
que las puntas de las banderillas. No sé que es, pero tampoco me importa.
Vuelve hacia mi, quiere que embista una y otra vez. Cada vez mana más sangre
de mi cuerpo, mugo de dolor, estoy sufriendo, agotado, no puedo seguir. El
torero se ha situado frente a mí, me mira, ha sacado algo de detrás del
trapo rojo. Apunta con el utensilio hacía mí, me enseña el trapo por debajo
de mi cabeza, la bajo y embisto. He sentido otro enorme dolor, he sentido
que algo se ha rasgado en mi interior, me falta el aire, creo que mis
pulmones se han roto, alguno de mis grandes vasos sanguíneos, ha sido
seccionado. Mis pulmones se encharcan, me tambaleo, me estoy muriendo. Un
gran vómito de sangre sale de mi boca y mi nariz. A paso lento, muy lento,
me dirijo a algún sitio donde apoyarme, mis patas ya no me sujetan, estoy
cerca de lo que llaman el burladero. ¿Tendrá esto algo que ver con eso que
llaman hacer burla? Yo creo que sí, durante un rato se han burlado de mí,
haciéndome “entrar al trapo”, haciéndome cargar contra un caballo que yo
creía que me hacía daño, haciéndome correr hacia un señor con banderillas en
sus manos. La peor burla ha sido la última: el matador ha tirado su trapo al
suelo, me ha hecho bajar la cabeza, embestir y me ha clavado su espada. Me
he tumbado, quiero que me dejen en paz, quiero morir. Pero no, “ellos no
quieren que sufra”. Lo que en realidad quieren es que nadie vea mi agonía.
Tiene gracia, llevo agonizando desde hace mucho rato y ahora se preocupan de
la estética. Con mis ojos vidriosos, empañados por las lágrimas veo a un
hombre que se acerca, se ha agachado ligeramente y me ha insertado algo en
el cuello. Siento otro profundo dolor, me ha seccionado la médula, y yo
convulsiono. Esto se ha terminado.

Ya no tendré nunca la oportunidad de descargar cortisol, catecolaminas o
betaendorfinas. ¿Para qué?

José Enrique Zaldívar Laguia. Veterinario.

lunes, 5 de marzo de 2007

NO EN MI NOMBRE, NO CON MI SILENCIO

Eslogan muy pregonado durante la invasión de Irak por las tres grandes potencias mundiales, EEUU, Inglaterra y España.
No en mi nombre, no con mi silencio... Nos dejamos oír y ver, en manifestaciones, en emisoras de radio y televisión no afines con el Gobierno Popular, pero no fue suficiente, entramos en una guerra que el pueblo español no quería y como consecuencia de ello, una madrugada de marzo, trabajadores, amas de casa, estudiantes..., todos ellos en sus trenes, camino de sus destinos, nunca llegaron.
Dolor, indignación, múltiples sentimientos se agolparon en el pueblo español, que unos días después, en las urnas, decidieron que esto no podía volver a ocurrir.
No en mi nombre, no con mi silencio... no más guerras, no mas invasiones, no más políticos que cualquier día, por amiguismo o yo que se..., nos metan en otro embrollo de fatales consecuencias. Por eso, sabéis mi nombre y no me callo.

domingo, 25 de febrero de 2007

VAYA SEMANITA




Ni tocarlo.... trabajando por la mañana, cursillo por la tarde... vamos que no he podido ni tocarlo.
Espero que la semana que viene sea otra cosillay os cuente algo... bueno o me cuente algo.


domingo, 18 de febrero de 2007

miércoles, 14 de febrero de 2007

A Ñ O S 9 0

--Hola, ¿qué haceis por aquí?.

--Ya ves, bailando, de cumpleaños.

--Baila con el de la coleta -le susurró a su amiga.

Y bailamos, pero a la primera que se descuidó, me acerqué a ella.

--Oye guapa, que con quién quiero bailar es contigo.

Solo dijo "vale", escalofríos, nervios, sudor de manos..... Estuvimos toda la noche juntos. Sonaba el Mambo number five cuando dijo:

--Tengo que irme a casa, mañana trabajo.

--Te llevo, yo tambien me iba.

Salimos juntos, yo la agarré por el hombro y ella me cogió de la cintura. Algún beso hasta llegar al coche.

Ya en su puerta aparqué y le pedí que me invitara a su casa.

--Es muy tarde, otro día. El sábado que viene bajaré al Hispano, si quieres nos vemos.

Un beso, un abrazo, un estremecimiento.

¡Que semana más larga! Siete noches quedan...

AÑOS 70


Ellas sentada y nosotros dando vueltas por toda la sala y preguntando una a una:

--¿Bailas?

Calabazas y más calabazas hasta que alguna decía que sí. Que escalofríos, que nervios. Le dabas la mano, no se fuera a escapar y tirabas de ella hacia la pista. La agarrabas primero suavemente, hasta coger confianza, luego ibas apretándola un poco más. La mano izquierda arriba y la derecha a su cintura, cada vez un poco más abajo.

--Oye, esa manita -te decía.

--Perdona, se me escurre -y unas risas mientras sonaba Perales

Cuando mejor se estaba, fogonazo, se acababan las lentas.

--¿Te sientas conmigo?

--Bueno, pero solo hablar, eh!

Más escalofríos, sudor en las manos, una sonrisa.

--Claro, tu que piensas, yo no soy de esos, -que iba a decir.
Cuanto duraban las movidas, con las ganas que tenía de abrazarla... otra de Boney M.
--Tengo que irme -decía ella.
--¿Ya?, ¿quieres que quedemos la semana que viene?
--Vendré el domingo, si quieres, aquí estaré.
¡Que semana más larga! Siete dias quedan.

REAL ZARAGOZA


"Como no te voy a querer, como no te voy a querer,
como no te voy a querer si te he visto ganar seis copas del Rey"

Ese es uno de los cánticos de ánimo al equipo que se escuchan los domingos de futbol en la Romareda.
Pero también hay otros en contra de los equipos visitantes, de su portero o del árbitro de turno, que no son nada amistosos. Y no digamos si el equipo contrario trae aficionados propios.... Se libran dos o tres equipos que caen simpáticos... no más.
Para mí, esto ya es en sí mismo violencia en el futbol. Esos insultos, esos gritos racistas, aunque no muchos, pero no tendría que haber ninguno. Todo ello es y genera violencia.
¿Remedio para ello?. Si lo supiera.... Ministro. Son los propios directivos de los equipos los que lo consienten... mientras no pase nada!!!

Bueno, y respecto a lo primero, a ver si este año sí, cae la séptima.

martes, 13 de febrero de 2007

MARTES Y TRECE

Decía la Dioni, que es mi madre, que en trece y martes, ni te cases ni te embarques. Pues bién, le hice caso, no me embarqué y me case en 21.
Y no es que sea supersticioso, no, que para nada, pero por si acaso, ni gatos negros, ni espejos rotos, ni sal derramada, ni...... y toco madera

lunes, 12 de febrero de 2007

Z A R P A



Se ha creado en Zaragoza, por un grupo de buena gente, que ama a los animales y lucha por su bien, una protectora de animales. "Zaragoza Protección Animal".

Sus medios son muy escasos pues están comenzando, pero sus ganas muchas, por lo que seguro que tendrán éxito.

De momento se dedican a difundir los animalillos que están en adopción en otras protectoras, los que les van llegando y los que están en acogida por ellos mismos, y en el poco tiempo que llevan, ya han salvado a muchos peludos.

"Peludicos", sí, que es como los llama mi Emi, que todo sea dicho, pertenece a esa protectora.

Así que, si alguien está interesado en adoptar algún animalico, que teclee eso de zarpa punto org., que seguro que le consiguen al más bueno, guapo y cariñoso del mundo mundial.

jueves, 8 de febrero de 2007

Circula por Internet esta historia


Este era un hombre, que encontrándose un gatito por la calle, lo llevó a su casa dejándolo encerrado en una habitación que tenía vacía.

Viendo que el gato, cuando lo llamaba, no le hacía caso, tomó unas agujas y se las clavó por todo el cuerpo.

El gato sangraba pero seguía sin responder a sus llamadas, así que tomó una navaja y se la clavó hasta dejarlo muerto.

Esta es la historia y consiste en decidir si a esta persona la consideramos como un "maltratador" o como un "maestro"


Yo lo tengo claro, ¿y tú?.

Supongamos que el animal en vez de ser un gato, fuese un toro....

NOOOO


miércoles, 7 de febrero de 2007

SOFA


Cansado, aburrido del mismo trabajo todos los dias, vuelvo a casa y me desplomo en él para coger fuerzas y enfrentarme a los deberes del peque.
"Que deberes" me dice, "los hice en el cole"..., "mira bien, algún trabajo tendrás pendiente". Siempre sale algo.
No, si listo es, y mucho, pero esa edad, trece años, que cosas pasarán por su cabeza, esas chicas del cole.
Descanso mientras hace su trabajo y luego se lo miro. "Bien Izan, ahora estudia un poco del examen del próximo miércoles". Alguna protesta, bueno, más de una, pero lo hace. No, si listo es, y mucho.
Yo, ya me activo, recoger alguna ropa, tender otra, algunos vajillos.... bueno, labores del hogar que no me gustan pero hay que hacerlas, mi Emi está trabajando todo el día la pobre.
Hacemos la cena y viene mami, cansadita, pero siempre con ese cariño que le desborda, y tras la cena, con el cafecito, un poco de charla. Después, un paseito con Nick -el del sofá- que haga sus cosillas y de vuelta a casa, un poco de tele o de ordenador y a dormir, hasta las 07.00 AM en que suene la dulce melodía del despertador.

martes, 6 de febrero de 2007

MARTIN




Esta preciosidad era Martin.... Si, era porque alguien lo ha matado.


Apareció en el monte lleno de mordeduras y pequeñas heridas... pero lo que en realidad lo mató fueron los palos que recibió y que le dejaron con sus patitas inútiles y su cuerpo con el interior destrozado.


Este perro fue entregado en adopción a una "persona" que no solo no lo cuidó, sino que se deshizo de él entregándolo a otras "personas" de las que se intentó recuperar... pero Martin había desaparecido.


Se estuvo buscando durante varios dias y cuando apareció el estado en que se encontraba ya lo he contado.